Cultos de Navidad

La Hermandad celebra el tiempo de la Navidad con especial devoción en torno a la representación del Nacimiento del Señor, fuente de gozo y de esperanza para toda la comunidad cristiana. La tradición del Belén ocupa un lugar privilegiado en la espiritualidad franciscana desde que san Francisco de Asís, en la Nochebuena de 1223, quiso representar en Greccio la humildad del pesebre, para hacer visible a los ojos de los hombres la ternura y pobreza del Dios hecho carne.
Siguiendo su ejemplo, la Hermandad mantiene viva esta tradición heredada, exponiendo cada año su Belén en la sede canónica, que se convierte durante estas fechas en epicentro de toda su actividad, y lugar de encuentro, oración, y contemplación.
En torno a esta representación se desarrollan los dos cultos propios del tiempo navideño: la Solemne Bendición del Belén, con la que la Hermandad inaugura litúrgicamente el tiempo de la Navidad, y la Bendición y reparto de los Santos en Suerte, que recoge una antigua tradición franciscana para ofrecer a los hermanos y fieles la inspiración y el amparo de un santo franciscano para el nuevo año que está a punto de comenzar.
Solemne Bendición del Belén de Hermandad
Diciembre
La Solemne Bendición del Belén constituye el primer acto litúrgico del tiempo de la Navidad en la Hermandad. En ella, todos los hermanos se reúnen ante la representación del Nacimiento del Señor para pedir la bendición del Dios sobre el Belén, sobre quienes lo han realizado y, de modo especial, sobre cuantos lo contemplarán durante las fiestas.
El rito comienza con la proclamación del Evangelio de la Natividad, que anuncia el misterio del Verbo hecho carne, seguida de la oración de bendición, en la que se invoca la gracia del Señor para que quienes se detengan ante esta imagen aprendan a descubrir, en la humildad del pesebre y bajo la luz del carisma franciscano, el amor de un Dios que se abaja hasta compartir nuestra humanidad.
La colocación solemne de la figura del Niño Jesús en el pesebre y el canto del Adeste fideles acompañan este momento en el que la Hermandad eleva su alabanza al Dios hecho hombre por amor. La bendición del Belén no es un mero gesto simbólico, sino un acto de consagración que otorga sentido a la representación plástica del Nacimiento, transformando el espacio en lugar de contemplación y oración, donde la comunidad creyente, a ejemplo de san Francisco, dirige su mirada al misterio del Amor encarnado.
Bendición y reparto de los Santos de la Suerte
Diciembre
La Bendición y reparto de los Santos de la Suerte es una de las tradiciones franciscanas más antiguas que la Hermandad conserva desde sus inicios, cuando aún se hallaba vinculada a la Orden Franciscana Seglar. Nacida en las primeras comunidades franciscanas del siglo XIII, esta práctica invitaba a encomendar el nuevo año a la protección de un santo elegido “en suerte”, confiando en su intercesión y en su ejemplo para perseverar en el seguimiento de Cristo.
El acto se celebra en torno al Belén expuesto en la sede canónica de la Hermandad; comienza con una invocación al santo patrón elegido “en suerte” el año anterior, tras la cual se pronuncia la oración de bendición, pidiendo la intercesión y el amparo de los santos sobre los hermanos a lo largo del año que comienza.
A continuación tiene lugar el reparto de las estampas; los hermanos, uno a uno, eligen a ciegas, de un gran recipiente, la estampa de su santo protector para el nuevo año. Cada fiel recibe una imagen escogida al azar, perteneciente a una de las siguientes tres series:
- Las estampas de fondo dorado, que recogen a los grandes santos de la familia franciscana: San Francisco de Asís, Santa Clara de Asís, San Luis Rey de Francia, Santa Isabel de Hungría, San Antonio de Padua, la Inmaculada Concepción, San Buenaventura, Santo Domingo de Guzmán y San Carlo Acutis.
- Las estampas de fondo marrón, dedicadas a los santos especialmente vinculados a la Hermandad: San Agustín (titular de la sede canónica), la Stma. Virgen de la Piedad (titular principal), Sta. María de los Ángeles (advocación de la Virgen dolorosa), Santiago Apóstol (patrón de la provincia franciscana a la que pertenece la Hermandad), S. Antolín (patrón de la Diócesis), Sta. Marina (titular de la parroquia a la que pertenece la sede canónica), y S. Juan Evangelista (última imagen de culto incorporada).
- El resto de estampas representan a otros santos y devociones propias de la tradición franciscana.
Recibir como protector uno de los santos principales de la Orden (estampa dorada) o de los santos vinculados a la Hermandad (estampa con fondo marrón) se considera signo de especial gracia y abundancia espiritual. En el momento de elegir la estampa, cada hermano es invitado a formular una intención personal de oración, a proponerse una virtud que cultivar con mayor empeño y a encomendar a un hermano en necesidad, vivo o difunto.
Finalizado el rito, el Hermano Mayor extrae una estampa en nombre de toda la corporación; el santo así designado se convierte en protector de la Hermandad durante el nuevo año, y su imagen permanece expuesta a la entrada de la Casa de Hermandad como signo visible de su amparo.