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Cultos internos

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El culto es uno de los rasgos esenciales de la vida de la Hermandad y expresión visible de su fe. A lo largo del año, la corporación ordena su calendario litúrgico en torno a los misterios de Cristo, la devoción a la Santísima Virgen y la memoria de sus santos, de modo que el culto mantenga vivo el espíritu de los hermanos y los conduzca al encuentro personal con Dios.

Fiel a su carisma franciscano, la Hermandad celebra estos actos con sencillez, hondura y sentido comunitario, procurando que en todos ellos resplandezcan el amor al Crucificado, la devoción a María y la fraternidad evangélica que brota del ejemplo de san Francisco de Asís. La Santa Misa, centro y culmen de toda vida cristiana, ocupa un lugar privilegiado en todos los cultos de la Hermandad, que buscan favorecer la participación plena de los hermanos y de cuantos se acercan a compartir su fe. La Junta de Gobierno, responsable de su organización, procura siempre que los horarios y celebraciones resulten accesibles, y que cada acto sea signo de apertura, comunión y servicio a la Iglesia diocesana.

Los distintos cultos internos se celebran a lo largo de todo el año litúrgico: desde los ejercicios cuaresmales y penitenciales en honor al Santo Cristo Señor de la Vida y de la Muerte, hasta las celebraciones marianas de mayo y septiembre, la Vigilia del Tránsito de San Francisco de Asís, los cultos en memoria de los difuntos, los actos navideños en torno al Belén y los solemnes oficios del Triduo Pascual. Cada uno de ellos manifiesta, en un momento concreto del calendario, la fe viva de una Hermandad que busca, por medio de la oración y la liturgia, hacer presente el Evangelio en su vida comunitaria.