Cultos en honor a la Stma. Virgen de la Piedad

La devoción a la Santísima Virgen de la Piedad constituye uno de los pilares espirituales de la Hermandad. Su origen se remonta a los años fundacionales, cuando el grupo germen de la corporación, los “Amigos de San Francisco”, vinculado a la Orden Franciscana Seglar, comenzó a cultivar una profunda veneración hacia la Madre de Dios en el misterio de su compasión ante el Hijo muerto.
Esta devoción, que en sus inicios se concretaba en el culto a la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, venerada en su capilla del antiguo Convento de San Francisco, fue consolidándose hasta quedar plenamente incorporada a la espiritualidad y a la vida cultual de la Hermandad bajo la advocación de la Santísima Virgen de la Piedad, que acabaría dando nombre a la propia corporación.
En honor a esta imagen titular, devoción principal de la Hermandad, se celebran anualmente dos cultos de especial relevancia, el Solemne Triduo y el Solemne Besamanos, que ocupan un lugar destacado en el calendario litúrgico y constituyen una de las expresiones más significativas del acervo espiritual y cultual de la corporación.
Solemne Triduo a la Stma. Virgen de la Piedad
Septiembre
El Solemne Triduo en honor de la Santísima Virgen de la Piedad constituye uno de los cultos más antiguos y significativos de la Hermandad. Sus orígenes se remontan a 1964, cuando la Orden Franciscana Seglar acordó celebrar un triduo en honor de Nuestra Señora de las Angustias en la iglesia conventual de Santa Clara. Décadas más tarde, aquella tradición sería asumida por el grupo “Amigos de San Francisco”, que entre los días 12 y 14 de marzo de 1999 celebró un primer triduo en la capilla de la Orden Franciscana Seglar, ante la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, incorporándose desde entonces de manera estable a la vida cultual de la corporación.
El culto alcanzó rango reglamentario en 2011 y estatutario en 2014, quedando fijado su lugar en el tiempo de Cuaresma. Durante la pandemia de 2020, el Triduo hubo de suspenderse en plena celebración debido al confinamiento generalizado, retomándose de forma extraordinaria en el mes de septiembre, coincidiendo con las fechas en que la Hermandad ya venía dedicando una Solemne Eucaristía a la Santísima Virgen con motivo de la festividad de Nuestra Señora de los Dolores. La fecha quedó establecida definitivamente en septiembre, dedicándose el Triduo cuaresmal a otra de las imágenes titulares de la Hermandad, el Sto. Cristo Señor de la Vida y de la Muerte.
La liturgia propia del Triduo propone un itinerario espiritual en torno a la figura de María como modelo de fe, esperanza y unión con Cristo en su Pasión. A lo largo de los tres ejercicios, la oración y la proclamación de la Palabra conducen al fiel por un camino de contemplación que recorre la vida interior de la Virgen: su fidelidad a la promesa divina, su búsqueda constante del Hijo y su participación plena en el misterio redentor al pie de la cruz. El Triduo se presenta, así, como una meditación progresiva sobre el amor y la entrega de María, que culmina en la Misa de Hermandad del tercer día, cuando la Hermandad renueva su devoción consagrada a la Santísima Virgen de la Piedad en un ambiente de solemnidad, orden y profundo recogimiento.
Solemne Besamanos a la Stma. Virgen de la Piedad
Viernes de Dolores
El Solemne Besamanos a la Santísima Virgen de la Piedad fue el primer acto de veneración incorporado por la Hermandad a su calendario cultual y constituye la expresión más cercana de devoción hacia su titular mariana principal. Su primera celebración tuvo lugar el 26 de marzo de 2016, Sábado Santo, en la Iglesia Penitencial de San Agustín, tomando como referencia el besamanos que la Cofradía de la Orden Franciscana Seglar de Valladolid, Hermana Mayor Honorífica de la corporación, dedica cada Lunes Santo a Nuestra Señora de la Soledad. Desde entonces, el culto quedó configurado como uno de los principales ejercicios de piedad interna, de marcado carácter devocional y contemplativo.
Celebrado inicialmente durante la jornada del Sábado Santo, en el año 2021, a causa de la pandemia y de las restricciones derivadas de ella, adoptó la forma de veneración pública extraordinaria, en sustitución de los actos procesionales, conservando su espíritu devocional y adaptando su desarrollo a las circunstancias del momento. Posteriormente, en 2023, el Cabildo de la Hermandad acordó trasladar su celebración al Viernes de Dolores, integrándolo plenamente en el tiempo de Cuaresma y vinculándolo así al ciclo preparatorio de los cultos principales de la Semana Santa.
El Besamanos nació con el propósito de ofrecer a los hermanos y fieles un espacio de encuentro personal con la Santísima Virgen, dentro del marco de solemnidad que caracteriza las celebraciones de la Hermandad. El acto se desarrolla en la sede canónica, con un montaje cuidadosamente dispuesto y un ambiente de respeto y recogimiento. Su organización se atiende con esmero, desde la disposición de la imagen en el templo hasta la ambientación musical y el detalle ceremonial, de modo que cada elemento contribuya a realzar la dignidad del acto y el sentido espiritual de la devoción.
Como culminación de la jornada, el Viernes de Dolores concluye con la celebración de una Salve Solemne, acto de oración en el que los hermanos se reúnen en torno a la Virgen para encomendarse a su intercesión y disponerse espiritualmente a los días mayores de la Pasión. En este marco se lleva a cabo la subida de la imagen al paso procesional, en un clima de recogimiento y oración, que marca el tránsito desde la intimidad del culto interno hacia la expresión pública de fe en la Procesión de Piedad y Reconciliación del día siguiente.