Sedes

La vida de la Hermandad se articula siempre en torno a espacios concretos que, más allá de su dimensión material, expresan identidad, memoria y misión. Cada sede —canónica o social— forma parte de un itinerario común en el que se entrelazan devoción, servicio y vida fraterna. Son lugares que acogen la oración, sostienen el trabajo interno, custodian el patrimonio y permiten que la Hermandad se haga visible en la ciudad y en la Iglesia.
A lo largo de su historia, la Hermandad ha residido en diversos espacios que han marcado etapas significativas en su desarrollo. La Capilla de la Orden Franciscana Seglar fue el primer hogar espiritual donde nacieron sus cultos y se consolidó su identidad franciscana. Más tarde, la Iglesia Penitencial de San Agustín se convirtió en sede canónica y centro espiritual de la corporación, enmarcando su vida litúrgica. La antigua Capilla de la Sacramental de San Miguel, por su parte, prestó un inestimable servicio en un momento concreto, permitiendo mantener la vida de la corporación incluso en circunstancias adversas.
Las sedes sociales, por su parte, han acompañado el crecimiento organizativo de la Hermandad, ofreciendo espacios para el trabajo cotidiano, la formación, la convivencia y la custodia del patrimonio. Desde la antigua sede de Mancornador hasta la actual Casa de Hermandad de la calle Ramírez, estos lugares han sido piezas esenciales en la vida interna, favoreciendo la corresponsabilidad, el encuentro y la consolidación institucional.
Presentamos aquí un recorrido por esos espacios —pasados y presentes— que han dado forma a la Hermandad. Cada uno, desde su particular historia y función, ha contribuido a forjar la comunidad que hoy somos: una Hermandad en camino, con raíces en su memoria y con la mirada puesta en el servicio evangelizador que se desarrolla, día a día, en los lugares donde vivimos la fe y la fraternidad.
